Hoy me apetece hacer una "pequeña" reflexión...
Al igual que la carrera de Magisterio, primero de Integración Social -en mayor medida- ha repercutido en mi vida, acrecentando esas ideas utópicas acerca de lo que a algunas personas nos gustaría "alcanzar" (alcanzar implica un final, un final "inexistente", que cuando se alcanza, vuelve a avanzar--> como escribe de manera similar Eduardo Galeano*). Aunque precisamente, creo que son las utopías, la propia utopía o utopía colectiva, la que nos permite "avanzar", al menos a mí... Aparentemente parece que estámos retrocediendo, en lugar de "alcanzando", "avanzando". Y así lo creo yo... "aparentemente"--> no todo es lo que parece.
En relación a la formación que he elegido, e imagino, que en cualquier otro ámbito, ha sido en el momento de realizar las prácticas de Integración, al entrar en contacto con el mundo laboral, cuando yo, un*, se puede dar cuenta de que lo "ideal, idílico" no es precisamente lo que se percibe en el día a día. A no ser, que se tenga el discernimiento para encontrar en cada obstáculo una oportunidad.
Si se trabaja con personas, creo que se convierte en muy importante, como digo en otra entrada, conocer la diferencia entre guiar o dirigir. Muchas personas dirigen (o dirigimos), y pienso que hay que tener cuidado con ello. Estamos acostumbrad*s a recibir y/o percibir órdenes desde que empezamos a ir al colegio (o tal vez desde que nacemos y en los lugares donde vivimos, crecemos...). Las órdenes, desde mi punto de vista, están a la orden del día. También conozco gente, que en su lugar, propone ideas, hace preguntas, cuestiona, calla...
Hay que estar muy atento, para no sorprenderse un* dando una orden, porque las órdenes resultan de patrones de conducta que se repiten. A no ser que se esté consciente, todo lo posible, de cada palabra que se dice y de las órdenes que se transmiten.
Para guiar, tanto a l*s alumn*s, desde el punto de vista de la educación, o a personas de la familia, o a quien quiera que sea, creo que hay que practicar la humildad, la comprensión, la aceptación, el discernimiento, la paciencia, la "libertad" ... Todos estos atributos proceden del amor. Me suena cursi cada vez que lo digo, pero así lo creo, y no me refiero a la palabra amor que se centra únicamente en las relaciones como digo en otra entrada, sino al amor como la aceptación de infinitas posibilidades, de la diversidad, de la diferencia, y al mismo tiempo de la unidad.
En lugar de dirigir y/o reprimir: ¡Permitamos ser!
¿Quién nos dice que aquello que prohibimos no es un don, una cualidad, una forma de expresión...?
Si no perjudica, ¿por qué prohibirlo, reprimirlo? ¿Por qué decir tanto: "no hagas esto, "no hagas lo otro"," no no no..."? Y sí creemos que perjudica analicemos: ¿realmente? ¿En que" realidad"? ¿En qué...?, ¿No será que nos han dicho que es malo y nos lo hemos creido?
Si nos examinamos a nosotr*s mismos desde la raíz, el origen, desde donde tenemos el control, a lo mejor encontramos la respuesta del por qué del hábito de dar órdenes, gritos y/o prohibiciones sin fundamento y del por qué nos llegan a la vez de otras personas. Tal vez llega el momento en que "lo antiguo es renovado". Y digo renovado, no sustituido...
*"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se
aleja dos pasos y el horizonte corre diez pasos más allá.
¿Entonces para
qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar". Eduardo
Galeano
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